Las expensas aflojan en marzo, pero la presión sigue y la mora empieza a marcar el pulso en los consorcios
Las expensas dieron un leve respiro en marzo, aunque el alivio es más estadístico que real. En la Ciudad de Buenos Aires el promedio se ubicó en $259.718, con una baja mensual de apenas 0,24%. En la Provincia, en cambio, rondan los $160.000 y muestran subas interanuales cercanas al 45%.
Por: Revista Habitat
13 de abril de 2026
El dato mensual aporta algo de estabilidad, pero no alcanza para revertir la tendencia. A lo largo de 2025, las expensas acumularon un aumento del 37,97% y en el inicio de 2026 ya suman otro 2,14%. El problema dejó de ser únicamente cuánto suben y pasó a ser quién puede pagarlas.
En ese escenario, la morosidad crece y empieza a tensionar la vida interna de los consorcios. Más deuda implica más conflictos y, en muchos casos, la necesidad de avanzar con instancias formales de cobro. La discusión ya no es solo financiera, también es de convivencia y gestión.
Dentro de la estructura de gastos, los amenities siguen sumando presión. Distintos relevamientos estiman que representan en promedio un 23,6% del total de las expensas, con mayor impacto en barrios cerrados y desarrollos premium.
El punto no es únicamente su existencia, sino cómo se administran. En muchos edificios se incorporan servicios pensados para atraer compradores, pero sin una planificación clara de mantenimiento ni control de costos.
Martín Eliçagaray, especialista en tecnología aplicada a la propiedad horizontal y referente de Simple Solutions, señala que “el desafío no pasa solo por cuánto cuestan, sino por cómo se gestionan”.
El foco está en decisiones que se toman sin información precisa. Espacios subutilizados, contratos poco eficientes y servicios sobredimensionados generan gastos que se arrastran en el tiempo sin aportar valor concreto.
“Un consorcio que conoce su estructura de costos puede ajustar sin resignar calidad. Optimizar horarios de uso, renegociar contratos o automatizar tareas permite lograr mejoras con impacto acumulado”, explicó Eliçagaray.
También aparecen amenities que funcionan más como argumento de venta que como servicio real. Espacios con uso marginal que, sin embargo, sostienen costos fijos que terminan pagando todos los propietarios.
“Antes de sumar servicios nuevos, conviene medir qué necesitan realmente los vecinos y qué costo operativo implica”, agregó.
“El amenitie vende, pero lo que sostiene al edificio es la gestión. Sin profesionalización, los espacios comunes que deberían sumar valor terminan generando conflictos y subas constantes”, agrega.
Con este combo de costos altos, ingresos ajustados y mayor mora, el equilibrio entre servicios, administración y control se vuelve el punto crítico para evitar que las expensas sigan escalando y los conflictos pasen del Excel a la vía judicial.
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