Dos notables monumentos escultóricos en la ciudad de Adrogué (primera parte)
¿Todavía se respira en Adrogué ese perfume de eucaliptos, de magnolias, de glicinas y de jazmines que supieron evocar en más de una ocasión Domingo Faustino Sarmiento, Carlos Pellegrini, Belisario Roldán o Jorge Luis Borges, asiduos visitantes veraniegos de la que, alguna vez, fue llamada la «Versalles» del sur bonaerense? ¿Es una percepción real o se trata de la persistencia imaginaria de un recuerdo de infancia o de un relato largamente repetido entre las familias arraigadas a aquel poblado? No podría precisarlo. A cierta edad, la fantasía, que añade y quita detalles sensoriales, comienza a invadir la memoria que guardamos de algunos lugares. Y en el caso de Adrogué (como en el caso de Buenos Aires o de San Isidro, entre tantos), las construcciones literarias y las representaciones simbólicas han alimentado la fantasía por generaciones.
