EL RETIRO DE LOS ADOQUINES Y OTRAS DESAMORTIGUACIONES VISUALES FRENTE A LA ESTACIÓN BANFIELD DEL FERROCARRIL ROCA: LA DESTRUCCIÓN DE UNA UNIDAD DE PAISAJE SINGULAR
La estación Banfield del Ferrocarril Roca (originalmente Ferrocarril del Sud) era (y lo digo en tiempo pasado, lamentablemente) una verdadera alhaja patrimonial como unidad de paisaje en el lado Oeste de las vías.
Por: Oscar Andrés De Masi
oademasi@gmail.com
13 de marzo de 2026
Avanza la destrucción de la unidad de paisaje por retiro de los adoquines y otras intervenciones...Foto OADM, mayo 2023
La bella arquitectura del edificio reformado en 1925 por el arquitecto James Smith (a propósito de la visita del Príncipe de Gales) mostraba sus perfiles despejados, recortándose contra el cielo bonaerense que le hacía de telón de fondo. Los sólidos adoquines de la calle por delante (colocados en perfecto orden y a escasa altura por debajo del cordón de la vereda) acompañaban aquella impronta suburbana, que se completaba con la plazuela “Estados Unidos de Brasil”, donde existía el busto de Fray Justo Santa Maria de Oro (del cual me ocuparé en próxima nota), hoy ausente.

La estación de Banfield (lado Oeste) del entonces FCS a poco de inaugurar sus reformas de 1925. Nótese la vía del tranvía en el hermoso adoquinado de la avenida Alem y la perfecta amortiguación visual del edificio (Col. OADM)
Una foto de época que reproducimos, dará una idea de aquel conjunto urbano. Y otra foto, de hace pocos años, viene a ratificar la persistencia de esa unidad de paisaje tan singularmente preservada durante décadas, pero que ya no existe en su integridad auténtica.
Ocurre que hace unos tres años si la memoria no me engaña, comenzó la construcción de un “centro de trasbordos”; y con ello, comenzó la destrucción visual de aquel privilegiado enclave histórico.

La estación Banfield (lado Oeste) vista desde la esquina de Alem y Berutti en los años de c 1950. Se observa la textura del empedrado. Con este aspecto, aunque sin la via que allí se sigue percibiendo, llegó hasta hace unos tres años... (Col. OADM)
Pero vamos ordenando algunas ideas y antecedentes.
En algún momento del año 2023, tras una visita a Banfield por motivos privados, hice llegar a la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos un informe organoléptico acerca del caso que motiva el título.¿Hace falta reiterar que mi preocupación por los empedrados históricos no es nueva y la hice pública en más de una ocasión? Quienes conocen mi prédica docente (en el aula o fuera de ella) lo saben de sobra.
Ya en 2019 publiqué en mi blog (https://viajealasestatuas.blogspot.com.ar) y en la revista Habitat unas reflexiones acerca de este tema bajo el título, algo poético, de “Elogio del empedrado”. Allí sostuve, entre otras cosas, los siguientes conceptos (que reitero aquí, para quienes no quieran tomarse la molestia de leer el artículo completo).
El adoquinado debe estimarse como factor de calidad del habitar urbano: He aquí entonces otro elemento a ponderar: ¿El adoquinado aporta calidad a la vida urbana?
La respuesta es evidente por las ventajas que conlleva:
- Impone límites a la densidad y velocidad de circulación de vehículos;
- Con ello, favorece el control de la contaminación sonora de los barrios y
- Mejora las condiciones de seguridad vial;
- Favorece la retención y el drenaje de las aguas pluviales;
- Alivia el agobio de las altas temperaturas veraniegas.
Pero, a estos elementos "funcionales", deben añadirse los elementos de estética urbana: las calles adoquinadas son, definitivamente, bellas; y la nobleza de la piedra se amiga sin esfuerzo con el entorno y el arbolado.
Nótese que el adoquín de granito va adquiriendo una cierta pátina que, junto a los elementos térreos de las juntas, termina configurando un tapiz horizontal texturado. ¿Alguna vez contemplaron el brillo tenue de los adoquines, los tonos grises o los rojizos, al contraluz de la tarde, especialmente en otoño? Los invito a que hagan la prueba. Se van a maravillar.
He allí el factor de percepción visual que devuelve al observador una imagen gratificante, homogénea pero no plana (¿alguien ha analizado las variantes en la colocación de loa adoquines, desde la hilera lineal, las formas curvas, el fan shaped, el opus cementicium o el opus reticulatum romanos llevados al plano, las intersecciones, los contornos etc.?), texturada pero no abrupta, quieta pero no inmóvil… Yo diría, casi metafóricamente, como quien contempla el reflujo del mar. Todos hemos experimentado esa sensación indescriptible.
Quiero repetir, aquí, conceptos que he vertido entes acerca del adoquinado y la identidad barrial: las calles adoquinadas son parte de la identidad de los barrios tradicionales del suburbio. No se trata de una cuestión de riqueza o de clase: se trata de una cuestión de identidad, que cruza en diagonal todos los segmentos sociales, desde los barrios de alta gama residencial hasta los más modestos, populares e industriales. Si todos ellos han tenido adoquines en sus calles desde hace décadas y décadas, sin queja de los vecinos, entonces ese componente de su imagen será identitario, vale decir, derivado de una forma tradicional de la vialidad urbana.
Los viejos adoquinados del partido de Lomas de Zamora son parte de esa epopeya por la cual el distrito fue dejando atrás la precariedad de sus perfiles rurales, para convertirse en una gran ciudad, dotada de los indicadores de modernidad epocales, que reconocían como modelo a la Capital. Los pueblos de la comarca copiaban a Buenos Aires, en su afán de convertirse en ciudades. El adoquinado que permanece en los barrios (cualquiera sea su gama socio-económica) no es un elemento accesorio y descartable de ese paisaje, sino un elemento configurador de identidad, evocador de memoria e indicador de calidad suburbana. Por eso debe ser preservado.
Pude verificar en persona, como un transeúnte ocasional y un testigo atónito, la situación de retiro de los adoquines de granito que pavimentaban la calle que corre frente a esa estación en el lado Oeste de la vía. Y con esas comprobaciones, elaboré la nota dirigida a las autoridades nacionales en 2023, que, como explicaré al final, debían intervenir legítimamente en virtud del Decreto PEN nº 1063/82. En aquel preciso momento, las obras se hallaban en plena ejecución, con operarios y maquinaria, y el sector ostentaba un vallado plástico que permitía apreciar la situación y obtener fotografías.
Pero, para el patrimonialista que es, además, historiador, no bastan las comprobaciones perceptuales: el caso pide una referencia histórica que debía ser pronunciada en voz alta.
En efecto, la historia del lugar, en su configuración como estación ferroviaria plus paseo público, se remonta, como dije antes, a 1925, cuando, en el marco de la visita del Príncipe de Gales, el entonces Ferrocarril del Sud encaró la modernización de varias de sus estaciones y se aprovechó la ocasión para mejorar sus adyacencias. De este modo, en Banfield Oeste, en el terreno lindero a la estación delimitado por la avenida Alem, se construyó una pequeña plaza sobre la mencionada avenida, entre las calles French y Berutti.
En el año 1966 fue ubicado en esa plazuela el busto de fray Justo Santa María de Oro (inaugurado en 1916 en la avenida Alsina, en el lado Este de la misma localidad), hoy ausente. El hecho es doblemente preocupante, porque se trata de uno de los pocos monumentos que existen en el país en homenaje al fraile republicano. Dicho sea de paso, tampoco está en el monolito la placa de bronce alusiva.
Según la información publicada por el diario local “La Unión" con fecha 4-X-2022 (Avanza la construcción del centro de transbordo en Banfield Oeste), se trata de una “remodelación y puesta en valor de la estación de Banfield, en el lado Oeste. El sector se convertirá en un Centro de Transbordo” (sic). Vale decir que esta obra obedece a criterios de renovación de la vialidad y el transporte de pasajeros, y no a situaciones de deterioro del afirmado existente, hasta donde puede colegirse de la noticia citada y de las propias comprobaciones al caminar sobre aquel pavimento.
Otra nota del mismo medio periodístico, del 15-III-2023, con igual título, menciona tareas en la plazoleta Estados Unidos de Brasil y la puesta en valor de “la fachada y los accesos a la estación” (sic).
Poco antes, el 3-II-2023, en nota titulada "Por obras en la estación de Banfield, cambian varias paradas de colectivos”, se citaban, con fuente en la Secretaría de Obras Públicas local, los “trabajos más destacados” (sic): mejora en las condiciones de seguridad y confort de los usuarios del sistema, mediante la incorporación de espacios protegidos accesibles e iluminados; renovación y expansión de los espacios verdes parquizados, introduciendo nuevos espacios para el desarrollo de actividades comerciales y recreativas; revalorización y jerarquización de la Ermita religiosa así como de los monumentos y placas de conmemoración y homenaje existentes; revalorización del edificio de Estación mediante la reformulación de los espacios circundantes y puesta en valor de su fachada y accesos.

De estas fuentes de prensa se desprende que, en efecto, ciertos componentes patrimoniales y ambientales, ya sea de carácter general (el paisaje urbano del sitio), ya sea particular (edificio, monumentos, placas etc.), o ya relativos a los espacios verdes (los existentes y los que se pretende crear), serían y fueron objeto de intervención, aunque se ignoraban los términos proyectuales de dicha intervención, así como los resguardos previstos para los valores patrimoniales y ambientales implicados.
Las notas periodísticas no lo aclararon y tampoco se disponía de otras fuentes oficiales. Vale decir que la ciudadanía no tuvo acceso a una información ponderada y completa del proyecto, y debió desayunarse cada día con el avance los trabajos constructivos-destructivos, hasta la situación actual.

Seguimos con el presente...obsérvese la nueva altura de las veredas en relación con el nivel de la calle despojada de los adoquines antiguos. Y la estructura de la parada de colectivos, interrumpiendo visuales de la fachada histórica. Además de los infaltables puestos no habilitados de venta callejera en la recova de la estación... Foto OADM, marzo 2026.
Aspectos patrimoniales y de tutela
La cuestión es que la estación Banfield del Ferrocarril Roca configura un bien arquitectónico y un hito identitario de alto valor representativo local, testimonio, tanto de la tradición constructiva ferroviaria en nuestro medio, como de la huella que la empresa Ferrocarril del Sud dejó marcada en el territorio bonaerense, en sus múltiples aspectos: paisajístico, social, económico, tecnológicoindustrial etcétera.
Además, en este caso y el de otras estaciones del mismo ramal, fue objeto de reformas modernizadoras en 1925 (abandono de la impronta tardo victoriana y asunción de estilemas “eduardianos”), a cargo del arquitecto James Smith, residente en Temperley.
En este punto es menester puntualizar y reiterar que tanto el edificio de la estación, la calle vehicular antes empedrada que le hace frente en el lado Oeste y la plazoleta “Estados Unidos del Brasil”, configuran una “unidad de paisaje” histórico, que había llegado hasta nuestros días en condiciones de integridad morfológica material.
No todas las unidades de paisaje (y en especial, del paisaje ferroviario, con harto frecuencia emplazadas en áreas urbanas degradadas) ubicadas en el distrito han logrado semejante supervivencia de su autenticidad formal. Se trataba, pues, de un caso singular.
En cuanto al estado de conservación del empedrado, más allá de los desajustes mecánicos o los desniveles que el tráfico sostenido de colectivos pudiera hipotéticamente haber ocasionado, una impresión a simple vista, hasta donde mi memoria alcanza, no revelaba que los adoquines estuvieran en malas condiciones, sino más bien lo contrario. Si debían ser reajustados en su plano de apoyo o re-apisonados, se imponía en tal caso una operación de recolocación in situ, según las técnicas propias de estos pavimentos y con criterio de preservación, en lugar de su remoción, que ha venido a alterar los valores de la unidad de paisaje histórico.
En suma, la intervención de marras en esa calle, no ha tenido por norte una adecuada y máxima preservación, ni hubo observado un protocolo de buenas prácticas patrimoniales ante una potencial situación de deterioro. Se trata, lisa y llanamente, hasta donde puede observarse hoy mismo, de una remoción del empedrado histórico, para proceder a su reemplazo por un pavimento de cemento moderno, en el contexto de otras acciones de renovación y modernización del área, sin criterio de respeto historicista.
Por otra parte, ¿cuál ha sido el destino ulterior de los adoquines históricos retirados? ¿Han sido debidamente numerados e inventariados? ¿En qué condiciones de conservación se encuentran ahora mismo? Nadie lo sabe, porque nadie lo ha informado.
Tengo conocimiento fehaciente de que el Instituto Histórico Municipal de Lomas de Zamora dirigió una nota a esa la Comuna local. Ignoro si ha tenido respuesta y presumo que no la tuvo.
Por su parte, la Comisión Nacional de Monumentos ha venido a demostrar su inoperancia desde la última década, porque nada ha logrado en este caso y hasta me permito dudar si habrá hecho alguna gestión. Recordemos que la estación Banfield es un bien alcanzado por la tutela preventiva del Decreto PEN nº 1063/82, el cual establece que no podría ser intervenido sin la previa conformidad de la Comisión Nacional de Monumentos Históricos.
El retiro del empedrado no contó con esa conformidad; lo mismo que los novedosos refugios para espera del pasaje de los colectivos, horripilantes en si mismos, inconsistentes con la impronta general del sitio y que, para colmo, obstaculizan las visuales plenas de la fachada del edificio histórico…
Lo cierto es que el daño a la unidad de paisaje patrimonial está a la vista y previsiblemente para siempre.

Otra vista del presente: desaparición de los adoquines, congestionamiento de buses y, como telón de fondo, otro de los factores que degradan el patrimonio de la zona: la pululación de torres que des-amortiguan el perfil del edificio histórico de la estación y el paisaje urbano en general. Foto OADM, marzo 2026.
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