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Iconografía de las esculturas del mausoleo de Sarmiento en el Cementerio de la Recoleta

El sepulcro es, en su aspecto exterior, bastante simple: apenas un esbelto obelisco que, desde su basamento, se yergue sobre la cripta, para rematar en un cóndor andino de bronce que sostiene un ejemplar del libro “Facundo”.

Oscar Andrés De Masi

Por: Oscar Andrés De Masi

oademasi@gmail.com

10 de marzo de 2026

Iconografía de las esculturas del mausoleo de Sarmiento en el Cementerio de la Recoleta

Los rasgos característicos de Sarmiento, retratados por Víctor de Pol Foto OADM

No está demás volver la mirada al mausoleo del celebrado sanjuanino, situado en el Cementerio de la Recoleta, declarado sepulcro histórico nacional en 1946, y uno de los más visitados en aquel cementerio capitalino. 

El sepulcro es, en su aspecto exterior, bastante simple: apenas un esbelto obelisco que, desde su basamento, se yergue sobre la cripta, para rematar en un cóndor andino de bronce que sostiene un ejemplar del libro “Facundo”.

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La majestad del cóndor andino con sus alas desplegadas, en el remate del obelisco. Obra de Víctor de Pol. Foto OADM

La obra escultórica pertenece a Víctor de Pol, autor también de sus dos placas principales. Una repisa vacía a la altura de la cornisa delata el faltante de un busto del prócer que allí hubo, colocado por la familia a poco de inaugurase el sepulcro, retirado luego para practicarle una pátina adecuada en París, y más tarde ingresado al Museo Histórico Sarmiento con otras piezas del “relicario” sarmientino, provenientes del Museo Histórico Nacional, en 1938. El busto lo había ejecutado el mismo Víctor de Pol, con Sarmiento como modelo “dal vero”, en la casa porteña de éste, en la calle antes llamada Cuyo (ahora Sarmiento). Sarmiento lo vio terminado poco antes de morir y, al parecer, le tenía predilección.

Hace unos años, ante una gestión que iniciamos desde la Comisión Nacional de Monumentos, allá por 2011, se colocó allí un calco de la obra original. En el basamento del obelisco (cara anterior y posterior) hallamos dos importantes relieves en bronce, ejecutados por el mismo escultor. 

Voy a referirme primeramente al que adorna el paño trasero de la base del monumento, por su fuerte carga iconográfica, que pone el acento, de entre las varias facetas de Sarmiento, en aquella que, quizá, más convoque nuestra simpatía y nuestra memoria escolar: se trata de su rol de maestro, en este caso, que desplaza al polemista, al periodista, al escritor, al estadista, al viajero, al innovador agro-forestal, al urbanista y al soldado.

Sarmiento-educador se enseñorea con indiscutida naturalidad en esa placa escultórica, de mano de Víctor de Pol, fundida en el Arsenal de Guerra en 1892.

En el ángulo superior derecho, se lee la frase que Sarmiento escribió a modo de graffitti, en algún sitio de los baños del Zonda, en San Juan, antes de partir rumbo al exilio chileno: “on ne tue point les idées” (las ideas no se matan).

La escena se corresponde con aquella sentencia: la perennidad de las ideas halla su vehículo en la educación, o, acaso más precisamente, en el hábito de la lectura. En efecto, vemos allí a Sarmiento ya viejo, sentado, rodeado de niños y niñas en actitud de lectura o de escucha atenta. Sarmiento no habla, sino que escucha o intentar escuchar. Una escena que la historia de los últimos años de Sarmiento ha registrado, aunque, debido a la seria sordera del anciano, era menester el uso de una trompeta o bastón con audífono, que el artista prefirió no incluir en su relieve, con intención de una mejor estética.

4Niños y niñas leyendo ante Sarmiento, por Victor de Pol. Foto OADM

En total rodean a Sarmiento cinco varones y tres niñas. La diversidad de sexos en una misma situación pedagógica, traduce la concepción democrática de la educación, y la promoción escolar de la mujer, superando su relegamiento tradicional en las tareas domésticas.

Esta idea inclusiva se refuerza en los alcances sociales de la educación, que no sólo ha de beneficiar a la niñez de clase principal o de familia pudiente. En efecto, a los pies de Sarmiento vemos a uno de los niños en plena lectura cuyo aspecto difiere de los otros: va descalzo, es decir, se trata de un niño pobre. Y algo más: observando de cerca su rostro, reconocemos en él unos rasgos indios. Obsérvese, también, el calzado del último muchacho de la derecha: una suerte de “alpargata” o de zapatilla de tipo vasca. Se trata de un niño de condición rural.

Sepulcro De Sarmiento, Recoleta. 2011   Copia

Un niño de rasgos indígenas y descalzo, también asiste a la lectura: educación para todos! Obra de Víctor de Pol. Foto OADM

Educación para todos, sin distinción de sexo, ni de raza, ni de condición social. He allí, a mi juicio, el núcleo alegórico de la obra artística que se vale de una entrañable composición figurativa, con Sarmiento como referencia central.

Un Sarmiento en la vejez, exhibiendo los rasgos fisonómicos más característicos en un logrado retrato: frente amplia, cabeza casi calva, ceño adusto, labio belfo. Asimismo, su indumentaria es sencilla: sobrio traje civil, como el que debió usar al dejar la presidencia de la Nación. 

En suma, la placa actualiza plásticamente aquel conocido discurso de Sarmiento recién llegado a Buenos Aires desde los EE.UU., en 1868, cuando proclamó: “Para que no haya vagos es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales...Necesitamos hacer de toda la República una escuela ¡Sí! una escuela donde todos aprendan, donde todos se ilustren y constituyan así un núcleo sólido que pueda sostener la verdadera democracia que hace la felicidad de las repúblicas”.

Veamos ahora el relieve de la cara frontal del basamento, fundido en el Arsenal de Guerra en 1894, y ejecutado, también, por Víctor de Pol. Se lee la inscripción siguiente: “Una América toda, asilo de los dioses todos, con lengua, tierra y ríos libres para todos”. Se trata de una frase que había escrito en carta a Adolfo Saldías, repetida luego en su misión diplomática ante los Estados Unidos de Norteamérica.

La figura principal representada es un Mercurio (Hermes), de pies talares y casco alado, escrutando la naturaleza en medio de un bosque, donde aparecen, también, las serpientes de su “caduceo”, atributo tradicional de aquel dios.

2La figura mítica de Mercurio, por Victor de Pol. Foto OADM

El patronazgo alegórico del dios Mercurio sobre el comercio, es obvio. Aunque además se lo vinculó a la alegoría la Paz (porque con el caduceo separó a las dos sierpes en pugna). También es conocido que el periódico “El Mercurio” chileno, fue la plataforma del éxito de Sarmiento en aquel país transandino. Menos conocido, quizá, es el simbolismo masónico de la “protomorfosis" griega del dios, es decir Hermes, custodio de conocimientos ocultos, vale decir “herméticos”. Sarmiento fue afiliado a la Masonería, donde alcanzó el grado 33 y esta figura bien podría corresponderse con aquella membresía y el hermetismo de sus rituales iniciáticos.

Pero, sin dudas, la figura principal del monumento es el potente cóndor andino en que remata el obelisco. Fundido en bronce, exhibe sus alas desplegadas y su cuerpo en ligera torsión hacia el flanco izquierdo.

Está muy logrado el efecto general de su masa corpórea y, en particular, la textura del plumaje. Recordemos que Víctor de Pol se ha destacado con otras esculturas de animales: el famoso smilodonte o “tigre dientes de sable” del Museo de La Plata, o los caballos del carro romano en el remate del Palacio del Congreso.

Las garras del cóndor andino se posan fuertemente en un libro en cuya cara se lee “Civilización y Barbarie”. Se trata, como dije, del Facundo, obra cumbre de las letras sarmientinas, que juega su simbolismo en correspondencia con la condición de ave de las altas cumbres que se reconoce en el cóndor andino. Es, también, alusión al cruce cordillerano que Sarmiento debió emprender dos veces, en ruta a su exilio chileno.

Numerosas placas conmemorativas acompañan el mausoleo en el muro lateral. Una de ellas, ofrendada por el gobierno nacional en tiempos en que la Comisión Nacional de Monumentos era presidida por el Dr. Ricardo Levene, llama la atención por su calidad artística. Fue realizada por el escultor argentino Agustín Riganelli.

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