A DIEZ AÑOS DE LA PARTIDA DEL ARQUITECTO NORBERTO SILVA. UN RECUERDO.
El día 6 de abril de 2016 falleció en Buenos Aires, en forma inesperada, el arquitecto Norberto Silva.
Por: Oscar Andrés De Masi
oademasi@gmail.com
7 de abril de 2026
El arquitecto Norberto Silva, izquierda, examina un capitel de un retablo antiguo de la Catedral de Lomas de Zamora, junto al escultor José Piuma (Foto OADM, 2007)
Recuerdo que, al enterarme de la noticia, no pude evitar el preguntarme ¿qué clase de vínculo cultivé con él durante una década? ¿Sería exagerado decir que fuimos "amigos"? Se trata de una palabra de alcance ambicioso. Norberto se aproximó a ese perímetro de lo que llamamos comúnmente "amistad", sin trasponerlo. Quizás, la mejor palabra en este caso sea la "afinidad": nos era afín la cuestión de la arquitectura religiosa y monumental. Y de ella hablamos y en ella operamos con frecuencia.
De paso digamos que Norberto era lector habitual de la revista Habitat.
Lo conocí a través de Nicolás Godoy, allá por el año 2004 o 2005. Sabía de su actuación profesional en la Catedral Metropolitana. Y lo presenté ante Alberto S.J. de Paula (quien presidía la Comisión Nacional de Monumentos) y ante Juan Martín Repetto (su vicepresidente). Porque se trataba de convocar a un arquitecto con sensibilidad religiosa y con experiencia en un templo monumental, para formular un Master Plan de tareas de restauración y puesta en valor, a realizar en la Catedral de Lomas de Zamora (monumento histórico nacional). De inmediato simpatizó con las autoridades de la Comisión y con el entonces párroco Jorge Vázquez, luego obispo de Morón.
Desarrolló una tarea proyectual y de dirección de las obras, inauguradas parcialmente en el año 2008, donde concilió los aportes de numerosos técnicos, operarios y artistas. Sus charlas acerca de arte religioso, entabladas con el escultor José Piuma in situ las recuerdo como antológicas por muchas razones.
Luego, realizó análogas tareas proyectuales y de dirección de trabajos para la Quinta "Los Leones", en Banfield (también monumento histórico nacional), espacio de propiedad del obispado local.
Una segunda fase del Master Plan en la citada Catedral volvió a convocarlo, esta vez únicamente en la etapa del anteproyecto, no ejecutado, en el año 2014-2015. También había actuado antes en las tareas de restauración, y en el proyecto y ejecución de un cinerario, en la Iglesia de Balvanera (monumento histórico nacional).
Vale decir, que tuvo el privilegio de intervenir en el restauro de, por lo menos, cuatro monumentos nacionales vinculados a la Iglesia Católica Romana.
Todavía, en los años 2013-2014, pude presentarlo ante la Hermana Zulema Sayas, superiora de las Hijas del Divino Salvador a cargo de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, donde lideró un equipo profesional ad honorem que formuló el documento preliminar de un futuro Master Plan que, lamentablemente, no pudo pasar de la etapa de diagnóstico y anteproyecto. Recuerdo perfectamente sus primeros bocetos en planta, dibujados con lápiz de trazo grueso, en un cuaderno de espirales tipo Arte.
El 10 de marzo de 2016 (vale decir, un mes antes de su fallecimiento) me envió un email con algunas inquietudes:
Hola Oscar, te felicito por la página!!!
Aprovecho para transmitirte dos preocupaciones que tengo:
1) Qué pasa con el monumento a Alberdi retirado de la Plaza Constitución. Deduzco que fue para construir la central de transferencia subterránea.
2) La magnífica puerta central, pieza de bajorrelieve en bronce, del Colegio Carlos Pellegrini de Entre Ríos entre Cochabamba y Constitución. Evocaba la Asamblea del 53 (creo) era similar a la que hay en el monumento de Urquiza de F. Alcorta.
Tal vez estemos a tiempo de hacer algo.
Lo que pasa es que estas piezas quedaron en zonas postergadas de
la ciudad, a nadie le importa…
Este email ratifica que la escala urbana de Buenos Aires también era un tema de su interés en los últimos tiempos. Llegamos a conversar acerca de ello un par de veces.
Cuando hablábamos de intervenciones en edificios de valor patrimonial, no siempre coincidíamos en los criterios operativos y, menos aún, en su extraña metodología de supervisión de las obras a su cargo. Pero, su concepción estética general y su instintivo criterio en materia de texturas de mármol y de paleta de colores eran, por regla, indiscutibles. La Catedral de Lomas de Zamora le debe, entre otras cosas, los colores que hoy exhiben los pilares y las molduras de las naves laterales: una exitosa combinación de burgundy y de un verde indefinible, en amistoso diálogo con los estucados que datan de 1944-1947.
También fue creación exclusivamente suya, el retablo-sagrario, de lenguaje más contemporáneo, para la capilla eucarística del mismo templo catedralicio.
¿Cuál fue, entre los cuatro monumentos nacionales en que intervino, su mejor trabajo? Si bien la Catedral Metropolitana (donde hubo otros arquitectos) le concedió mayor nombradía en el ambiente del patrimonio (no exenta de polémicas y de críticas), mi impresión es que en Balvanera y en Lomas de Zamora asumió una impronta más personal y de mayor densidad plástica. No tengo dudas de que, de haber concretado el proyecto para la Santa Casa, éste hubiera sido su capolavoro. Tenía la madurez, la experiencia y hasta el sosiego intelectual para que así lo fuera. Y el lugar, aurático de suyo, convocaba el vuelo de su ingenio.
Su muerte prematura (como toda muerte prematura) nos dejó la sensación de una labor inconclusa donde, acaso, el momentum más destacado estaba por venir. Nos queda, sin embargo, el testimonio material de su actuación profesional en aquellos cuatro edificios monumentales que dan prueba de que el arquitecto Norberto Silva fue un eslabón en esa cadena de valor social y cultural que llamamos el patrimonio de los argentinos. Tal vez sea ésa, como dice el Evangelio según San Lucas, su mejor parte, la que ya no le será quitada.
Y al escribir este recuerdo, luego de una década de ausencia, volvemos a añorarlo como a un amigo que ha emprendido un viaje sin fronteras.
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