Mitos y leyendas, un patrimonio integral de los argentinos
Es en esta clase de leyenda donde se roza el mito. Todavía falta definir qué límites separan a la leyenda del mito y de la superstición y hasta qué punto las leyendas populares no se nutren tanto de hechos reales como míticos.
Berta Vidal de Battini realizando una conferencia en una escuela de la provincia de San Luis.
La cultura popular es un complejo sistema de símbolos de identidad que el pueblo crea y preserva. A partir de esta definición establecemos que el mito y la leyenda son dos de los aspectos más interesantes del folklore literario en todo el mundo. Podemos dividir a las leyendas en dos grandes grupos; las que se originan en algún hecho más o menos remoto y que pueden tener una base real, un trasfondo histórico que ha ido deformándose al pasar de narrador en narrador y la leyenda creada por los hombres en una etapa determinada de su nivel cultural, para explicarse a sí mismos y a las generaciones siguientes ciertos fenómenos de la naturaleza. Es en esta clase de leyenda donde se roza el mito. Todavía falta definir qué límites separan a la leyenda del mito y de la superstición y hasta qué punto las leyendas populares no se nutren tanto de hechos reales como míticos.
Hay una característica que une a estas distintas manifestaciones de la cultura: el de ser transmitida oralmente. Para quienes estamos acostumbrados a los medios gráficos y audiovisuales, esta forma de comunicación tal vez no nos parezca tan importante, pero el siguiente relato nos ayudara a dimensionarla:
"Después de muchos años de espera, llegó la electricidad a una aldea remota de África. Una de las primeras cosas que los pobladores hicieron fue una colecta para comprar un televisor de un vendedor que pasaba por el lugar. Mucha gente afuera de la aldea les había hablado maravillas de la televisión. Durante los meses siguientes hubo muy poco de nuevo en la aldea, ya que todos permanecían pegados al aparato. Pero poco a poco, dejaron de mirar televisión. Un día volvió el hombre que les había vendido el televisor, esperando ver muchos más. Extrañado pregunto: -Díganme porque no están mirando su nuevo televisor. No lo necesitamos, respondieron los pobladores. Tenemos nuestro propio narrador. -¿No creen que el televisor sabe muchos más cuentos que su narrador? preguntó el vendedor. Los pobladores permanecieron un rato en silencio. Finalmente, un anciano dijo: Tiene razón. El televisor sabe muchos cuentos. Probablemente más que nuestro narrador. Hizo una pausa y continuó diciendo ... "Pero nuestro narrador...nos conoce".
Los mitos y leyendas cubren necesidades culturales básicas de los pueblos. A través de ellos se popularizan los dioses y espíritus protectores y malignos. Sirven también para explicar las características físicas de animales, plantas y lugares, los fenómenos naturales y finalmente para comunicar a las personas a través de un lenguaje común.
La fauna nativa en la mitología y la leyenda.
Los conocimientos sobre biología básica de nuestra fauna autóctona aún no han sido desarrollados en toda su potencialidad. En el joven continente americano las investigaciones científicas "oficiales” comienzan con el descubrimiento de América y se desarrollan y propagan con las narraciones de misioneros, viajeros y cronistas que en muchos casos brindan informaciones exageradas sobre la naturaleza, produciendo un intercambio de nuevos materiales para la creación de leyendas y mitologías entre el viejo y el nuevo continente, mostrando muchas veces la raíz Europea de muchas de ellas. No es rara la mención de seres mitológicos que nunca existieron y que cobran vida a través del relato de los primeros cronistas: Los lobos marinos y delfines de río habitantes de las Riberas del Plata y el Litoral Atlántico son el origen a la leyenda de sirenas en las costas. Orcas y Ballenas pasan a transformarse en horribles monstruos que van a devorar los barcos. Los Grifos son aves de rapiña que se alimentaban tanto de cristianos como de salvajes (de allí se origina la creencia de que el cóndor, el ave más grande observada por los conquistadores, era capaz de transportar a sus víctimas y devorarlas en el aire). O que el picaflor o "Tominejo" era el producto de la copula de un insecto y un ave y podía morir y resucitar a voluntad y así pasaba la temporada invernal.
Tendrán que transcurrir dos siglos para que naturalistas de renombre aclaren y corrijan los errores que, en un primer momento y apresuradamente los cronistas realizaron sobre nuestra fauna nativa. El aporte a la ciencia de nuestro país que hicieran Charles Darwin, Félix de Azara o Alcides D' Orbignny, por mencionar solo a algunos viajeros extranjeros, empieza a aclarar el panorama.
Poniéndole nombre a las cosas
Es el nombre lo primero que conocemos de un animal y en esto prevalece hasta nuestros días la confusión generalizada de llamar con términos de la fauna europea a nuestros bichos: Así la zarigüeya pasa a ser comadreja; la mara: liebre; el ñandú: avestruz; el yaguareté: tigre; el coipo: nutria (o lo que es peor "falsa nutria"); el chiguanco: zorzal; el puma: león; el caburé: lechuza; el caiquén: avutarda; al yacaré: cocodrilo; al aguará pope: mapache... y la lista podría continuar. Al menos existía en los “descubridores” una buena intención de clasificación y de relacionar lo conocido con las “nuevas” especies de nuestro continente.
Al desconocimiento biológico se suma la leyenda. El mito y la superstición muchas veces condiciona en forma prejuiciosa la relación de muchos animales con el hombre y si no veamos que...
Para mucha gente todos los anfibios son venenosos y tienen tan buena puntería que pueden dejarnos ciegos con un chorro de su orina, eso si no morimos antes por fumar como un escuerzo. Los ofidios son, a no dudarlo, los animales más peligrosos de la tierra: desde la Biblia hasta el Libro de la selva de Ruyard Kipling y los cuentos de Horacio Quiroga lo confirman, pero si contamos con una buena ristra de ajo podremos alejarlos de nuestro alrededor...
Todas las especies de murciélagos heredaron la maldición de Drácula y son animales. dañinos que nos chupan la sangre. Aunque una sola de las 1400 variedades de quirópteros que hay en el mundo sea hematófago (es decir se alimente de sangre). Si una lechuza se posa accidentalmente en nuestro rancho, deberíamos llamar al de la funeraria, porque seguro que alguien morirá. Pero si son una pareja de horneros quien nos ha elegido como vecino nuestra casa estará segura por mucho tiempo.
Todos estos mitos o creencias se imponen al verdadero conocimiento de la vida de los animales y para quienes no los frecuentan o no se interiorizan en el estudio de su biología resulta difícil rescatar el verdadero valor que tienen como eslabones en las cadenas ecológicas esenciales para la vida.
En todas las culturas y la americana no escapa a la generalidad- hay una tendencia en otorgar a los animales características humanas (antropomorfizarlos) adjudicándoles temperamentos o actitudes que son propias de las personas. Basta recordar algunas pocas frases populares para reafirmar esto: "Malo como una harpía, astuto como un zorro, sanguinario como un tigre (Yaguareté), tímido como un venado, inteligente como un mono, sabio como una lechuza, molesto como el mangangá (abejorro), "venenoso" como una víbora, trabajador como hormiga, ignorante como un burro, estúpido como una vaca, inconstante como un picaflor (haciendo referencia a los donjuanes), incrédulo como chorlito, fea como un bagre, etc.
Los conflictos sociales también se plantean en las leyendas y cuentos. Los cuentos de Juan el zorro, sobrino o socio del tigre (Yaguareté) se repiten en toda la población criolla y en varias comunidades indígenas de Argentina. Juan el zorro (pobre y trabajador) siempre burla al yaguareté (fuerte, prepotente y rico) y es lógico que esta leyenda haya prendido en un medio de sojuzgados ante el poder de los fuertes.
En este sentido las comunidades originarias tampoco escapan a las subjetividades. En la siguiente leyenda guaraní vemos como los prejuicios no escapan a cualquier grupo cultural.
"...Había una vez un indio de muy mal genio, que tenía el privilegio, otorgado por una hechicera, de transformarse en cualquier animal que quisiera. Se convirtió sucesivamente en yaguareté, en aguará guazú, en serpiente y en avispa.
Un día fue a ver a su amiga bruja y le pidió: -Transfórmame en un ser que tenga reunidas la ferocidad del yaguareté, la astucia del aguará guazú, la cautela de la serpiente y la malignidad de la avispa. Y la hechicera lo complació a tal punto que lo transformó en un hombre blanco."
Y ya que hablamos de transformaciones, esta es la forma más corriente de explicar la aparición de ciertos personajes...
Transportada de Europa nos llega la leyenda del "lobisón" hasta la región del Noreste Argentino. Incorporada por el criollo este se la adjudica al aguara guazú, el más grande de nuestros zorros nativos, quien es en el imaginario el séptimo hijo varón que en las noches de luna llena se transforma en lobo y sale a atacar a la gente perseguido por todos los perros que le temen y lo odian a la vez...
En el mismo escenario del norte la leyenda del Runa-Uturunco aún tiene vigencia. Así se llama a los hombres que por la noche se meten en el monte y mientras se revuelcan por el suelo, con la ayuda del diablo, se transforman en Tigres, (Yaguaretés). Los soldados que seguían a Facundo Quiroga por su bravura eran todos Runa-Uturunco y el apodo de su líder se popularizó como el "Tigre de los Llanos".
Entre las muchas leyendas de la región misionera que tienen una connotación faunística se cuenta la del "Yasí Yateré". Nunca nadie logro verlo, oyeron su canto en la noche, pero nunca vieron sus bucles de oro ni su bastón, nunca nadie lo vio robar las criaturas, para abandonarlas luego enloquecidas por su contacto. A este duende de aspecto de niño que por las noches aterroriza a quien escucha su canto se lo culpa de las meningitis, epilepsias y viruelas infantiles. Durante el día es un pájaro, (Dromococcyx sp) como tal la gente lo identifica dormitando en lo más denso del follaje. En la noche solo se conoce su voz que constituye la nota más tierna, honda y poética de todo el bosque.
El "Pombero" es el más popular de los duendes guaraníes. Hombre alto, velludo con un gran sombrero de paja, que arrebata a los niños que se aventuran en el bosque a la hora de la siesta. El pombero imita el canto de las aves o se transforma en tronco o camalote, incluso llega a tornarse invisible para cumplir sus propósitos. Completan esta pequeña galería de seres míticos el "Moñai", monstruo mortal para quien lo ve; el "Teyú-yaguá", lagarto perro, que atrae con su aliento; la "Mboi-tatá", serpiente de fuego; "Mboi yaguá", víbora con cabeza de perro y el "Curupí", terror de las doncellas que se aventuran por los bosques. Entre los dioses protectores de la Fauna "Coquena" y "Llastay" en el Noroeste son los más representativos.
También las leyendas son utilizadas para justificar fenómenos naturales que no tienen una clara explicación o el origen de la fisonomía y conducta de muchos animales...
Cuentan los Tupi-guaraní de la región chaqueña que, en una guerra entre hombres y yaguaretés, los hombres decapitaron al jefe de los tigres, pero su cabeza salto hasta el cielo donde le pidió ayuda a la luna. Esta se compadeció del animal y lo ocultó de los guaraníes que, como sospechaban lo que iba a pasar, le advirtieron del peligro que corría. La luna no les hizo caso y junto la cabeza con el cuerpo del animal. Una vez repuesto el yaguareté comenzó a comerse a su salvadora. Al ver desaparecer la luna, los indígenas empezaron a gritar y a golpear objetos hasta asustar a la fiera. Actualmente siguen haciendo lo mismo cada vez que hay un eclipse de luna.
Otra historia cuenta que el chingolo y el churrinche se trenzaron en una lucha a cuchillo por el amor de la torcaza. En un descuido el chingolo consiguió clavarle el puñal en la cabeza al churrinche y así fue como bañado de sangre quedo para siempre con un color rojo púrpura en sus plumas. El chingolo fue a la cárcel y le colocaron grilletes en los pies, por eso todavía lo vemos andando a saltitos... y la torcaza que se quedó sin ninguno de sus dos amantes por las tardes melancólicas llama con su triste canto a su posible amor...
El saber del pueblo, el conocimiento popular, es en sí mismo un conocimiento científico. Es la ciencia del pueblo, de donde surgen y en el que se basan muchas de las ciencias oficiales u "oficializadas" con el correr de los tiempos. Las leyendas y mitos sobre nuestra naturaleza son indisoluble de los recursos naturales no parte renovables que debemos conservar para las generaciones futuras. Seguramente resulta muy difícil medirlos en valores materiales. En una época donde todo tiene precio, los recursos naturales deben cotizarse para que la gente comprenda que tienen valor. ¿Se debe hacer lo mismo con la cultura popular que los relaciona con el hombre? ¿Cuánto vale una leyenda? ¿A cuánto se cotiza la copla? Importantes folkloristas, compiladores de coplas y leyendas como Jorge W. Abalos o Ramón Carrillo, solían decir: "Chango, toma un caramelo, te compro una copla" y después las rescataban para nosotros... Por esos hombres y por nosotros que hoy "gastamos" nuestro tiempo leyendo esto, seguro que mientras exista un paisano en el campo y alguien dispuesto a escucharlo nuestra riqueza cultural tendrá esperanzas de sobrevivir...
Berta Vidal de Battini y su obra completa de los cuentos y leyendas populares de Argentina. Impresionante recopilación de voces anónimas en todo el territorio nacional.
Juan Alfonso Carrizo Viajó por las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, La Rioja y Catamarca; rancho por rancho, de pueblo en pueblo, iba con las alforjas al hombro, cargado de cuadernos y su inconfundible manta de vicuña a las escuelas, donde copiaba de los labios de la gente: coplas, cantares y adivinanzas.
BIBLIOGRAFIA:
Aramburu, Julio: Voces de supervivencia indígena. Colección Buen Aire. Emece editores.
Berta Vidal de Battini: Cuentos y Leyendas populares de la Argentina (8 tomos). Ediciones Culturales Argentinas. Secretaria de Cultura de la nación. 1983.
Bignami, Silvia: Mitos y Leyendas de América. Editorial Almagesto 1992
Colombres, Adolfo: Sobre la cultura y el arte popular. Ediciones del Sol, 1987.
Coluccio, Félix: Diccionario de creencias y supersticiones (argentinas y americanas) Editorial Corregidor. 1984.
Magrassi, G. -Rocca, Manual María (Compiladores): Redfield, Foster, Chertudi y otros. Introducción al folklore. Centro editor de América Latina. 1978.
Murillo, José: Leyendas para todos. Editorial Guadalupe. 1982.
Palermo, Miguel Ángel: Fichas antropológicas colección Fauna Argentina. Centro editor de América Latina.
Villafañe, Javier. Pájaros Nuestros. Emecé, 1980.
La obra de Berta Vidal de Battini que consta de 10 tomos, mas los estudios lingüísticos que suman otros tantos ejemplares. | Juan Alfonso Carrizo (1895-1957) fue un investigador argentino de la poesía oral, uno de los más importantes de América. Combinó el trabajo de campo, o de recolección directa, con la investigación erudita.
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