Cultura y PatrimonioEfemérides

La despedida de un maestro.

En Argentina y en gran parte de Latinoamérica el nombre del arquitecto Ramón Gutiérrez (1939-2026) es sinónimo de seriedad, compromiso y un trabajo monumental e infatigable en favor del patrimonio.

Lic. Carlos Fernández Balboa

Por: Lic. Carlos Fernández Balboa

Cfbalboa@gmail.com

Licenciado en Museología

24 de julio de 2026

La despedida de un maestro.

En la imagen Ramón Gutiérrez, mi hermano, el librero Lucio Aquilanti, la Librera Helena Padin y yo.

Para los que tuvimos el placer de trabajar con él, y fuimos muchos, es imposible que su impronta no haya calado en nosotros. Tuve el enorme privilegio de que fuera mi director durante tres años en un proyecto del Ministerio de Cultura sobre la conservación y difusión de las Misiones Jesuíticas y compartir en ese lapso su forma de vida, no solo a nivel profesional sino también su accionar con su familia, amigos, discípulos y colegas. Su sensibilidad se proyectaba en todo y creo que la historia de la arquitectura y el patrimonio era una excusa para expresar un profundo humanismo. Me temo que su desafición física también cierra el ciclo de una era donde imperaba ese humanismo, donde el ikigay de los japoneses (el sentido de la vida) es el bien común de la sociedad. En el cierre del libro “Aunque no lo veamos, la cultura siempre está” escribiendo sobre el patrimonio intangible Gutiérrez refleja claramente su pensamiento y el sentido de su hacer: 

“Debemos además afianzarnos en los valores que expresa ese Patrimonio Intangible, que constituye la trama de nuestra propia cultura manifestada en usos y costumbres. Aún hoy en tiempos del más crudo individualismo, de un materialismo deshumanizante, podemos aprender en nuestras comunidades americanas los testimonios de la solidaridad, de la lealtad, del sentido del bien común, de la responsabilidad frente a los bienes públicos, del respeto y de la amistad. Estos son los lazos del sentido de pertenencia de un grupo social que tiene claros sus valores, derechos y responsabilidades. En momentos en que se busca afanosamente la diferenciación y la originalidad cabe recordar la sabia reflexión de aquel gran arquitecto Antonio Gaudí, cuando nos decía que la única manera de ser original era volver, etimológicamente, a los orígenes.”

No llego a recibir el doctorado honoris causa que la Fadu iba a brindarle el próximo 21 de agosto, pero tuvo muchísimos honores y premios por su tarea. Mirando más allá de lo evidente en su producción, imposible de resumir en cerca de doscientos libros, publicaciones, exhibiciones y proyectos de puesta en valor, donde se destaca la creación del CEDODAL (Centro de documentación de arquitectura latinoamericana) Gutiérrez demostró una intencionalidad que va mucho más allá de la mera preservación del patrimonio. El destino final de toda su tarea fue la gente, la comunidad. Nos apena su partida, pero estamos seguros que su obra, proyectada también en sus hijos que siguieron sus pasos, le dará una transcendencia poco común. En toda Latinoamérica, cuando veamos el esfuerzo por conservar una arquitectura local, cuando leamos sobre una personalidad del patrimonio o recorramos un sitio de valor turístico cultural, Gutiérrez seguirá vivo. 

 

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