“Tan Buenos Aires”: Un libro para amar la ciudad en todo su encanto y caótica imperfección
Mariela Blanco propone un viaje periodístico por las huellas arquitectónicas que construyeron la identidad de Buenos Aires, marcada por su carácter desigual, su caos y su belleza inesperada.
Editorial Dunken presenta “Tan Buenos Aires. Geografía Emocional de la Ciudad”, un libro escrito por la periodista Mariela Blanco.
En sus capítulos, el libro recorre lugares icónicos de la Ciudad, como el Palacio de los Patos, la Casa Mínima, la Residencia Maguire, la Residencia Casey, la Casa de los Pavos Reales, el Palacio Lezama, el Plaza Hotel, el Hotel Claridge, el Edificio Kavanagh, revelando datos poco conocidos y revirtiendo versiones instaladas de la historia.
Dentro del Gran Buenos Aires, se destacan sitios como el Palacio Sans Souci, el Convento de San Francisco, Villa María, Villa Carmen, Villa Ocampo, la Casa Minka, el Club Canottieri Italiani, el Museo de Arte de Tigre, y el Castillo Guerrero, con historias familiares contadas de primera mano por los descendientes de quienes habitaron esas residencias históricas.
Entre los documentos que respaldan el trabajo, hay planos originales con firmas de figuras destacadas como Corina Kavanagh y Rosa T. de Torquinst, piezas de archivo que suman valor histórico. Pero también hay espacio para la ironía. Con un toque ácido, la autora reconstruye en uno de los capítulos “la historia oficial según su tía y el tachero de confianza” y, en ese contrapunto doméstico, deja al descubierto las contradicciones de los porteños.
El cuidado estético del libro también es parte de su propuesta. Blanco asume el riesgo comercial de presentar una tapa que no anticipa su contenido, en un contexto donde todo parece buscar impacto inmediato: fondo negro, letras blancas y un fileteado porteño que actúa como único guiño visual.
Siguiendo el mismo criterio de curaduría, se eligieron las fotografías de archivo, que reflejan microsegundos de la historia apropiados por transeúntes y vendedores ambulantes. Son escenas mínimas, pero cargadas de una potencia narrativa que completa el retrato emocional de la ciudad.
El prólogo está a cargo de Sergio Elguezábal, periodista y colega con quien la autora comparte la búsqueda de belleza y sentido en los detalles.
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