El tapiz mayor de la Basílica de San Francisco “La Glorificación de San Francisco”, y los tapices menores
A partir de los sucesos de 1955, nació la idea de colocar un tapiz sobre el altar mayor de la Basílica, en reemplazo del incendiado retablo de madera, tomando como antecedente el tapiz de la Catedral de Coventry. El desarrollo y concreción dio como resultado un tapiz tejido por manos argentinas, el más grande de Sudamérica y el segundo en el mundo en su técnica.
Por: Arqta. Adriana Mónica de Castro
58amdc@gmail.com
18 de marzo de 2026
El 2 de enero de 2017 comenzamos la desafiante obra de llevar adelante las palabras que un día de noviembre de 1205 San Francisco entrando en la iglesia de San Damián tuvo una visión de Cristo crucificado, donde oyó que Jesús le decía: “Francisco, ve y repara mi Iglesia que, como ves, amenaza ruinas”.
Dentro de la obra de “Restauración y Puesta en Valor de la Basílica de San Francisco, Capilla San Roque y Atrio”, en mi rol de Project Manajer de la empresa Creaurban SA, junto al equipo de trabajo, asumimos el reto de la puesta en valor y limpieza de los tres tapices situados en el Altar Mayor del Templo.
En un breve transcurrir de la historia de este conjunto religioso, entre derrumbes, reconstrucciones, modificaciones de estilos arquitectónicos y dimensiones de los nuevos templos, arriba al siglo XX - precisamente a 1909 – el desarrollo de la gran reforma general de la Basílica de San Francisco. Siendo su creador y ejecutor el arquitecto Ernesto Sackmann (hijo de padres alemanes), quien la convirtió en un acabado ejemplo del neobarroco bávaro, destacado por su decoración ornamental.
Pero los sucesos acontecidos el 16 de junio de 1955, conocidos como “la quema de las iglesias”, provocaron una pérdida importantísima de elementos relevantes, desapareciendo bajo las llamas y saqueos, aquel retablo de madera realizado en las misiones guaraníes, la mesa de celebración e imaginería española erigidos en el Altar Mayor del Templo, el órgano Cavaillé-Coll, junto a originales decoraciones y ornamentos.
Cabe mencionar, que el conjunto religioso ya había sido declarado Monumento Histórico Nacional por decreto del Poder Ejecutivo de la Nación Nº 120.412, del 21 de mayo de 1942.
Habiendo perdido el retablo, como decíamos anteriormente, y terminada la reconstrucción y reforma de la Basílica en 1963, la orden franciscana le encarga al arquitecto José María Peña - protector del Casco Histórico y creador del Museo de la Ciudad en 1968 - la ardua tarea de resolver aquel tan importante faltante en el Altar Mayor. Quien conoció en su viaje a Europa, la resolución en la Catedral de Coventry, cuyo retablo se había perdido a partir de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.
Por lo mencionado, Peña propone a los franciscanos y al Ministerio de Obras Publicas sustituir el retablo principal perdido por un tapiz de urdimbre de algodón de 8 m x 12 m denominado la “Glorificación de San Francisco”.
El ente gubernamental llama a concurso público resultando ganador el diseño del artista Horacio Butler, quien definió que el dibujo debía poder leerse con claridad a la distancia, tomando en cuenta el largo de la Basílica, eligiendo en origen los colores azules, grises y amarillos. Luego define incorporar los rojos y rosados, que mejorarían su luminosidad.
La elección de quien lo tejería recayó en Jacques Larochette, quien tomo a decisión de realizarlo en una sola pieza, bajo las leyes tradicionales de manufactura del telar de bajo lizo como en Aubusson (tejer la pieza a lo largo y de izquierda a derecha).
Cabe destacar que la tapicería de Aubusson fue inscripta en 2009 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Jaques Larochette comienza la búsqueda de tejedores y logra elegir a cuatro operarios de la Dirección Nacional de Arquitectura. Ellos eran: Isaías Cativa, de 29 años, albañil. Leonardo Rivera, de 27 años, pintor de brocha. Rafael Alcar, un jovial empleado de 26 años que se desempeñaba como peón de construcción en obras Públicas. Antonio Falcón, el mayor del equipo de 42 años, hosco y malhumorado, ocupaba la posición de gomero.
Durante casi cuatro años trabajaron, hasta llegar a concluirlo en agosto de 1972. Se inaugura dentro del templo el 4 de octubre de ese mismo año, en la conmemoración del día de San Francisco.
Los dos tapices laterales al mayor fueron confeccionaron ocho años más tarde - 1980 - por dos de los tejedores Rivera y Cativa, bajo la dirección de Larochette y los bocetos también de Butler.
Llegando a nuestros días y dentro de la obra finalizada en 2023, tuvimos la responsabilidad de aggiornar los tres tapices.
En el desarrollo de los trabajos participó el equipo técnico y diez operarios de la empresa, junto a dos licenciadas especialistas en telares y sus cuatro colaboradoras. Demorando entre el primer descuelgue de un tapiz menor y el último montaje del tapiz mayor, completado el conjunto, alrededor de ocho meses.
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