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El arquitecto que se hizo popular más allá de sí mismo

Por Alejandro Machado, cronista de tu ciudad Para Habitat.

Revista Habitat

Por: Revista Habitat

13 de febrero de 2026

El arquitecto que se hizo popular más allá de sí mismo

La arquitectura argentina ha tenido protagonistas de todas las personalidades, algunos de ellos de un perfil altísimo y otros cultores de una actuación pública casi monacal.

Algunos ejemplos:

En 1917 Mario Palanti realizó su Prima esposizione personale d'architettura nella Repubblica Argentina, en el Pabellón Argentino que fungía como Museo de Bellas Artes y publicó un
libro en Milán, apenas 7 años después de haber llegado a país, el milanés se hizo prologar otro libro nada más ni nada menos que por Benito Mussolini.

Alejandro Bustillo, firma 3 de los 5 lados de la casa matriz del Banco Nación con unas letras marcadas en la mampostería en un tamaño insólito 3 metros por 2 centímetros y solía presentarse a los concursos en forma gratuita.

Alejandro Christophersen publicó más de 120 artículos en la Revista de Arquitectura, a la sazón, el house organ de la Sociedad Central de Arquitectos. Además era el encargado de despedir a los socios con un texto elegíaco en sus exequias y era un consumado polemista.

Otros arquitectos, mayormente extranjeros, se unían en matrimonio con las mujeres casaderas de la aristocracia terrateniente de los albores del siglo XX. El nuevo estado civil los sorprendía gratamente con futuros comitentes sentados en los bancos la iglesia del lado de los invitados de la novia.

Las “demostraciones” verbigracia de los grandes banquetes ofrecidos a los grandes nombres de cada actividad en los salones de los mejores hoteles y salones porteños se sucedían potenciando el lobby, como lo atestiguan cientos de misceláneas de Caras y Caretas, PBT o Plus Ultra. Cuando más encumbrada era la reunión, los proyectos más fluían.

El caso de Virginio Colombo es totalmente opuesto, estaba en las antípodas de los colegas extrovertidos. Tan sólo dos fotos se conocían de él. Una del Anuario de la Societá Unione Oparai Italiani y otra de una investigación del José Guzmán en 1986, uno de los primeros académicos en intentar aproximarse a su obra y vida, truncada por su propia mano en su estudio de Moreno 2091, el mismo día que cumplía 43 años, el 22 de Julio de 1927.

Hay que decirlo, los puristas de la Beaux Arts, no apreciaban la arquitectura de Colombo y otros colegas italianos, había mucho estuco para imitar el mármol o el granito, había muchas esculturas de cemento, la burguesía comercial italiana, optaba por esos atajos, no había mámoles egipcios o de los Vosgos, como en otro palacios porteños de corte academicista, dónde todo lo que relucía, SI, era oro.

Colombo fue comenzado a ser estudiado, sobre todo por la gran cantidad de obras que llevaban su firma, casas de renta con muchos dueños para convencer por los desarrolladores para ser reemplazadas por torres. Por eso apenas queda el 40% de los petits hoteles de Christophersen. Un solo dueño de un bien, es casi una invitación para ser sustituido.

Investigadores de la arquitectura argentina de la talla de Fernando Aliata, Federico Ortíz, Mario Sabugo, el dr arquitecto José Francisco Lienur, Jorge Goldenberg el artista plástico Daniel Salaverría, los arquitectos Luis Pereyra, Dora Terrizano y Emilse Rotondo fueron documentando, por partes, un catálogo de obras en publicaciones como DANA, SUMMA, Hábitat y los libros del CEDODAL.

Con la internet, vino la explosión de Colombo.

Quien escribe estas líneas, abrevó de los textos precedentes para ir a la calle cámara en mano a fotografiar cada fachada conocida en forma exhaustiva. Con la tecnología blogger, se podían poner docenas de fotos en un solo carrusel de imágenes, mucho más que cualquier libro y a un par de clics, sin ir a una biblioteca.

El blog creció, los comitentes actuales mostraban sus casas a este cronista lego y hasta, venida desde Alemania, una investigadora llamada Bianca Hambusch decidió hacer su tesis sobre Colombo, viajando y obteniendo nuevos datos y nombrando las casas por sus comitentes conocidos.

Finalmente con caminatas organizadas, otro público se acercó a la arquitectura y los medios masivos se empezaron a interesar. Hasta que apareció el baúl con 1500 imágenes, postales, fotos de viajes, fotos de algunas de su obras que estaban en poder de su hija María Isabel y fueron conservadas por un vecino, ante el desinterés de los deudos. Este vecino era artista plástico y con la pandemia pensó que la vida era muy frágil y no tenía a quien legar el baúl.

El azar hizo que su puesto en la feria de San Telmo, estuviese en frente al de Jeremi Salvatierra, un inmigrante venezolano afincado en nuestro país desde 2018, que vende fotos artísticas y se formó en recuperación de materiales fotográficos antiguos.

Salvatierra publicó en las redes un retrato de Colombo, vestido muy elegante, un retrato desconocido totalmente para todos los que se habían asomado a su obra y vida.

La sociedad entre Jeremi y un servidor, redundó en 4 exposiciones uniendo la parte externa y la vida privada. 

Las imágenes fueron apreciadas por los visitantes a las muestras en el centro cultural Julián Centella, La Casa de la Provincia de San Luis (obra de VC para el sombrero Lagomarsino), la Manzana de las Luces y la Sala de Lectura de la Biblioteca del Congreso de la Nación. El esfuerzo se coronó con múltiples apoyos de instituciones italianas, funcionarios, cuentas de instagram patrimoniales y asistentes a las caminatas que facilitaron contactos, micromecenazgo y espacios. Toda una acción colectiva por la memoria de quien dejó tanta belleza para los transeúntes, para la ciudad.

También vio la luz el libro “Persistencia, Arte, Oficio” del arquitecto Nicolás Fratarelli, con un gran aporte documental de la obra de Colombo para los dirigentes de la Cámara del Calzado.

En 2027 se cumplen 100 años de su desaparición física del arquitecto Colombo y ya estamos organizando su gran homenaje, pueden seguir los pasos en las cuentas de Instagram @fondodocumentalvirginiocolombo @cronistadetuciudad

Es irónico pensar que, en su hora más oscura, Colombo jamás pudo imaginar que iba a tener, un siglo después, una legión de seguidores que ni siquiera son arquitectos.

 

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