Por: Dante Fiorenza

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En 2005 fallecía en Milán Giancarlo De Carlo, arquitecto, urbanista, profesor, autor y editor.

Objetivo de estas líneas es no solamente recordarlo, sino explorar su legado cultural, tan vasto e interesante que puede servir de estímulo para tratar de abarcar y comprender mejor no solamente a la arquitectura, sino también la realidad contemporánea que nos toca vivir, con su carga de conflictos, contradicciones y paradojas. De Carlo era múltiple: contenía los numerosos matices de las disciplinas que él mismo abarcaba con su interpretación personal, aguda y sagaz, y que utilizaba como herramientas de crítica y construcción de ideas. Soñaba una sociedad de individuos no aplastados por el gran número, desconfiaba de los rumbos contemporáneos de la sociedad de masas que acorrala al individuo y le quita capacidad de crítica favoreciendo su alejamiento de los problemas reales, generando de ese modo la idea de ser manipulado. En esta visión se lo puede ubicar cercano a otros dos grandes italianos recientemente desaparecidos, Darío Fo (Nobel de Literatura 1997) y Umberto Eco (38 Doctorados honoris causa), ambos grandes pensadores qua han siempre puesto al desnudo al poder y a sus miserias de un mundo que suele ir hacia atrás. Puede resumirse la importancia de las contribuciones de De Carlo en la idea de vincular urbanismo y arquitectura, pensando el quehacer urbanístico adoptando las herramientas que son propias de la arquitectura. Otro fundamental tema de De Carlo es la dimensión política de su accionar arquitectónico: arquitectura participada, con especial atención en los contextos sociales. Concebía la construcción de la ciudad contemporánea de manera estratificada, concediendo a la arquitectura moderna el pleno derecho a incorporarse en la ciudad histórica. Todo bajo la luz de una aproximación participada y libertaria de la arquitectura. No tuvo una vida fácil.

Facultad de Magisterio, Urbino

Giancarlo hablaba siempre sin pelos en la lengua, y decía siempre su verdad, lo cual como es de imaginar no le ganó muchos amigos. Celebre su frase: “La arquitectura es una cosa demasiado seria para dejarla a los arquitectos” … parece mentira que alguien pueda ofenderse por esto, aun considerando el carácter polémico de la frase! Vinculando fuertemente urbanismo y arquitectura en su método de enseñanza, sus colegas profesores de Composición Arquitectónica del Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia lo consideraban un urbanista … y los urbanistas lo liquidaban definiéndolo un arquitecto que se mete con el urbanismo.

Fundador del Team 10, pudo combatir su aislamiento fundando la revista Spazio e Societá cristalizando el aporte de los miembros de ese grupo, enriquecido por otros aportes de otras latitudes como el de Balkrishna Doshi, India o el de Rubés Pesci, Argentina. Tambien abrió un importante frente de intercambio e investigación fundando en 1976 en Urbino el ILAUD (Laboratorio Internacional de Arquitectura y Urbanismo) con el aporte de estudiantes de arquitectura de todo el mundo.

Colegios Universitarios, Urbino

Ganador del Wolf Prize en 1988 y de la Royal Gold Medal del Royal Institute of British Arquitects en 1993, nunca tuvo un encargo, académico o profesional en Milán, su ciudad de adopción, jamás gano un concurso. Hubo dos importantes reconocimientos en 2004: la Muestra en el Centro Georges Pompidou en Paris, y la publicación por parte del Archivo Proyectos del IUAV, de dos volúmenes (“Giancarlo De Carlo. Percorsi” e “Giancarlo De Carlo. Inventario analitico dell’archivio”) con el precioso material catalogado de los dibujos presentes en el Estudio de Milán.

Colegios Del Colle, Urbino

Lo que sigue es una serie de reflexiones y pensamientos de De Carlo, todas expresiones que le he escuchado decir personalmente en varias ocasiones, y que me han generado personalmente un gran impacto, esto se debe sin duda a su fuerte personalidad y también a la potencia intelectual de su palabra y su pensamiento.

Torre de ascensor en el Palazzo degli Anziani, Ancona

 

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En ocasión de la Muestra que tuve la oportunidad de organizar en la Facultad de Arquitectura del Politécnico de Milán “La arquitectura del Ambiente”, en la que Rubén Pesci presentaba trabajos de CEPA, la misma se inauguró con una Conferencia en la que fueron invitados Sergio Los y Tomás Maldonado. Le había preguntado a De Carlo como quería que lo definiera en el afiche de presentación: urbanista? profesor? Me dijo: vos como te vas a definir? (yo era el moderador) Proyectista fue mi respuesta … Proyectista yo también, porque los que aman definirme urbanista lo hacen para liquidarme como arquitecto. Cuando comenzó a hacer uso de la palabra me impactó esta frase: durante la guerra contra el nazifascismo, estaba en la montaña en una brigada junto a Sandro Pertini (Presidente de la Republica Italiana 1978-1985 ) después de cenar charlábamos imaginado como iba a ser la sociedad cuando hubiésemos vencido y llegado al poder: una Italia donde la civilización, las ciudades, las artes y sobre todo los valores iban a prevalecer, o sea un mundo completamente diferente respecto a la miseria y al aburrimiento que en realidad hoy es … Es impensable que De Carlo pudiese aburrirse, pero la idea es sugestiva, hace pensar en el malestar que le generaban algunos tópicos y vicios de la modernidad, esto seguramente comprende la historia plagada de escándalos de corrupción que han sacudido a la democracia italiana en los últimos decenios.

 

2

En la obra de De Carlo, pionero de la arquitectura participada, puede verse una notable evolución. En el caso del Barrio Matteotti en Terni, para algunos seguramente los futuros habitantes hubiesen deseado casas bajas con techos de tejas, un jardincito y revestimientos con tonos pastel; sin quitar el enorme valor de la obra, una verdadera revolución de calidad respecto a lo que ha sido y es la edilicia estatal económica, en Italia y no solo, se tuvo la impresión que considerando el lenguaje arquitectónico y las soluciones espaciales adoptadas, el arquitecto ha terminado por imponer su punto de vista. En cambio el barrio de casas populares en la isla de Mazzorbo, en la laguna véneta, marca un punto de notable evolución: en primer lugar porque los habitantes insistieron en que tan importante como las casas, era la construcción de los embarcaderos para que se pudiesen usar los botes como medio de transporte, adoptados desde hace siglos. Por otro lado es innegable la construcción de un barrio con sus campielli y calli de expresión genuinamente veneciana, sin citaciones nostálgicas sino a través de un vibrante y estimulante lenguaje contemporáneo.

 

 

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Para celebrar los 15 años de la revista Spazio e Societá, el editor había ofrecido un lujoso almuerzo en el suntuoso Hotel Four Seasons de Milán, yo estaba en la misma mesa con De Carlo y su mujer Giuliana. Se hablaba del individuo y la sociedad, del arquitecto y las instituciones … De Carlo: soy un outsider, prefiero mantener cierta distancia respecto a todo y a todos, no delego en nadie, estoy siempre al margen de alguna manera… Le comento que estar al margen está socialmente mal visto, porque es una condición que suele quitar acción y protagonismo, para los cuales son indispensables ciertos vínculos. Giancarlo recorre con su dedo índice el borde del mantel blanco de la mesa y dice: este borde permite al que está en él tener una mirada del que esta abajo en el piso, completamente marginado, al mismo tiempo está sobre la mesa, o sea dentro del sistema, pero al margen del mismo, si se descuida cae él también. La verdadera marginalidad es mantener esa posición y eso exige una investigación permanente.

 

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El centro de Milán antes de la segunda guerra mundial era una pequeña Amsterdam, los canales proyectados por Leonardo Da Vinci generaban un anillo circular maravilloso; después de la guerra se rellenaron casi todos, (para hacer circular los autos!) quedaron solamente dos: Naviglio Pavese y Naviglio Grande. Se estaba considerando y discutiendo un Proyecto que preveía la reapertura de los canales. Una fría mañana estaba con De Carlo recorriendo la Basilica de San Lorenzo en Milán lo estaba entrevistando para una nota que apareció luego en A/mbiente; la estratificación histórica de estilos diferentes en la basílica era un ideal de la arquitectura para De Carlo. Se me ocurrió preguntar a De Carlo su opinión al respecto a la reapertura de los navigli, su respuesta: el evento arquitectónico es el resultado de varias componentes en equilibrio entre ellas, si se reabren los canales, se restauraría una sola componente dejando intactas las demás: la altura de los edificios, el lenguaje y el tejido social. Restaurar todas las componentes es imposible, seria inclusive monstruoso. Creo que reabrir solamente los canales es una óptica de algún modo ciega que no comparto.

Me parece que recuperar los antiguos canales, considerando la capacidad de los espejos de agua de generar espacios urbanos de calidad y el alejamiento del vehículo con espacios ganados para el peatón hubiese sido de todos modos interesante. Finalmente el proyecto nunca se realizó. Esta idea de De Carlo de alguna manera parece desmentir la idea de estratificación histórica … aunque hay que admitir que en este caso se trata de restaurar algo que existía y que la mala política urbana había cancelado.

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La dialéctica antiguo nuevo ha sido uno de los temas fundamentales en la obra de De Carlo.

De Carlo ha proyectado en dos oportunidades torres que ha propuesto en contextos históricos consolidados: la Torre Osservatorio en Siena, parte del proyecto de concurso para la Plaza Matteotti, 1989. Y el proyecto de un nuevo ascensor, alojado en una torre separada, en el Palazzo degli Anziani de Ancona. Los dos proyectos han sido bochados (bocciati dice el mismo De Carlo), el primero por no haber ganado el concurso y el segundo, con el proyecto aprobado por la Universidad y el Municipio, fue desaprobado por el Superintendente de Monumentos de Ancona; lo mismo ha ocurrido con sus últimos proyectos para Urbino. Creo que estas desaprobaciones han mortificado mucho a De Carlo, acentuando su sentido de aislamiento, él pensaba que la modernidad debería tener pleno derecho a existir junto a lo antiguo, en lugar de ser alejado a la periferia, como muchas veces ocurre. Estas propuestas han sido como meter la cabeza en la boca del león.

 

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Una vez comentaba a De Carlo que estaba de moda hablar de trabajo transdisciplinario en el proyecto urbano, además de una lectura más atenta a los contextos, físicos y sociales, en una visión más inclusiva. Me responde a su modo: los arquitectos en realidad no poseen esa cultura que pretenden tener, se han especializado ellos también, la especialización está llevando al mundo a la catástrofe, lo que hacen falta son generalistas, no especialistas.

Los arquitectos trabajan encerrados en sus estudios, cada uno aislado en su pequeña miseria.

El problema es que se han roto las líneas de unidad cultural alrededor del proyecto y de la arquitectura, hoy existe unidad cultural acerca de la música rock por ejemplo. Aislado se puede hacer una escultura, una poesía, pero no arquitectura, no es suficiente.

Le pregunto como habría que trabajar y en su respuesta está la raíz de una de las enseñanzas más valiosas que me ha dejado De Carlo: El secreto de la buena arquitectura es encontrar un equilibrio entre tradición e innovación, innovar con nuevos lenguajes investigando en cada proyecto, pero siempre haciéndose partícipe de una onda cultural más amplia: la tradición.

La cultura personal de cada uno es ampliamente insuficiente.

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Dos últimas frases de De Carlo:

Los arquitectos contemporáneos deberían hacer de todo para que en los próximos años la arquitectura sea cada vez menos la representación del que la proyecta y cada vez más la representación del que la usa.

En el panorama actual nadie entiende mi trabajo, hay que esperar una nueva generación para que los daños de los arquitectos postmodernos y los de las arquistar sean bien evidentes