Un diagnóstico científico determinó que “es viable la restauración” de la obra, único legado del arquitecto Marcel Breuer, de la escuela Bauhaus, en América Latina. Sus propietarios están decididos a revertir su estado de abandono.

 

 

Un informe elaborado por dos científicas marplatenses acaba de confirmar la viabilidad para recuperar la emblemática estructura del Parador Ariston, una joya de la arquitectura moderna construida apenas terminada la Segunda Guerra Mundial en el extremo sur de Mar del Plata.

Los actuales propietarios confirmaron a LA CAPITAL que están dispuestos a revertir el abandono e invertir para poner en valor el único legado que dejó en Latinoamérica el húngaro Marcel Breuer, uno de los exponentes de la escuela arquitectónica Bauhaus.

Los más de 25 años que lleva en estado de abandono, sumado al efecto de la corrosión por estar a solo cien metros del límite costero en el barrio Playa Serena, al costado de la Ruta 11, incidieron en el deterioro de esta construcción única en su tipo y reconocida, aún estudiada y apreciada por la arquitectura nacional e internacional.

El Ariston fue diseñado como espacio gastronómico y salón de fiestas, pero también funcionaron allí otros emprendimientos, como una cafetería y una discoteca, hasta su cierre definitivo en 1993.

La losa sostenida por cuatro columnas de hormigón armado, con una planta elevada que, vista desde arriba, asemejan un trébol, luce hace años una dejadez evidente, pero no irreversible.

Hace unos 25 años, sin noción alguna de su valor histórico y de que al día de hoy la obra y los planos del Parador Ariston se exhiben en los museos de arquitectura de Londres y Nueva York, Miguel Ángel Donsini -actual presidente del Colegio de Martilleros de Mar del Plata- se aventuró a comprar la edificación junto a dos socios.

Dispuestos a encarar la puesta en valor de esta joya de la arquitectura moderna para darle una nueva impronta cultural y tal vez gastronómica, Donsini y sus socios, con la colaboración de autoridades municipales y de la Universidad Nacional de Mar del Plata y la Universidad Atlántica, encargaron un diagnóstico para evaluar si resulta viable o no la recuperación del emblemático inmueble.

Informe positivo

La licenciada y doctora en Ciencias Químicas, profesora de la Facultad de Ingeniería e investigadora principal del Conicet Marcela Vázquez, compartió con LA CAPITAL los detalles del diagnóstico realizado junto a la investigadora María Beatriz Valcarce en torno al Parador Ariston.

“A pedido de los propietarios hicimos un diagnóstico de la estructura. Ellos querían saber el avance de la corrosión, el estado de deterioro y si se justificaba encarar o no obras de reparación”, explicó en primer lugar.

El resultado de la evaluación determinó que “el deterioro es poco, que está muy localizado y que hay bastante por hacer”, lo que motivó a los propietarios a retomar la idea de incorporar la obra al Patrimonio Nacional -proyecto que ya cuenta con media sanción en el Congreso- y refuncionalizarla para darle un uso cultural y comercial.

Fue sobresaliente en el diagnóstico la excelente calidad de la construcción. “Es una estructura de 1947 y evidentemente fue construida con técnicas constructivas que no son como las de ahora. Se usaron materiales muy nobles y se cuidó mucho el detalle, sabiendo que es una estructura de hormigón expuesto a 100 metros de la línea de costa. Más allá de algunos problemas puntuales que se podrían resolver sin demasiada complicación, no hay compromiso estructural“, determinó la investigadora del Conicet.

Las columnas y las vigas, a pesar del tiempo y la corrosión, se encuentran en buen estado. “Ahora será cuestión de que los propietarios tomen la decisión, así que nuestra esperanza es haber podido contribuir a que ellos se motiven y encuentren financiamiento y mecanismos para poder hacer de eso algo renovado y que se pueda aprovechar”, agregó.

 

La puesta en valor

El informe hubiese tenido resultado negativo de haberse detectado problemas en las bases y columnas. De ser así, requeriría una intervención significativa y la relación costo-beneficio para ponerlo en valor, se hubiese complicado.

“Afortunadamente el diagnóstico indica que es viable pensar en una reparación”, resumió la desarrolladora científica del informe y comentó que la estructura “se podría remodelar porque el núcleo constructivo está firme”, aunque hay sectores que requerirán especial atención, como el techo, donde producto del tiempo y de algunas reformas realizadas se generó una acumulación de agua que provocó filtraciones. Sin embargo, “es algo perfectamente solucionable”, confió Vázquez.

Asimismo, se determinó que el inmueble requerirá remociones de hormigón, limpiado del acero y nuevos morteros de reparación en algunos sectores. Para cerrar el lateral destruido se evaluarán opciones de carpintería en el mercado, respetando su impronta original.

Filtraciones provocaron daños en el techo pero éstos serían reversibles conservando su estructura original

El diagnóstico también incluyó recomendaciones de posibles reparaciones y cuestiones a tener en cuenta para su puesta en valor. Sin embargo, coincidieron en que “cualquier uso sería bienvenido para frenar el deterioro”.

Actualmente, según pudo constatar LA CAPITAL en una recorrida por el lugar, la parte lateral de la estructura está destrozada y su interior ha sido vandalizado y expone roturas y graffitis. Producto del paso del tiempo, la vegetación crece del suelo que décadas atrás estuvo recubierto en madera y funcionaba como una pista de baile, entre asientos preparados para el cortejo de quienes allí concurrían hace 40 años o más.

Los propietarios, a partir de este diagnóstico, están “decididos y entusiasmados” en avanzar en una inversión (cercana a los 100.000 dólares) que permitiría poner en valor a la única obra de Breuer en Latinoamérica.

El diálogo está abierto con organismos internacionales y todo indica que en algún tiempo no estimado, podría revertirse el abandono y recuperar el vigor de sus épocas con materiales que respeten la estructura original, para dar lugar a un espacio cultural y tal vez gastronómico.

El anexo de locales

El terreno de 600 metros cuadrados en el que se erige el Parador Ariston está alambrado y resguardado por una oxidada reja. Hace décadas, a la construcción se le agregó un anexo en el que por años, principalmente en las temporadas de verano, funcionaban locales comerciales de distintos rubros.

De la parrilla “Perico” que había en ese lugar todavía puede verse el nombre desdibujado en la pintura del edificio. También se lee aún “Don Pollo”, espacio que ocupaba otro de los locales comerciales, mientras que en otros se alquilaban bicicletas en verano para pasear por Serena.

El paso de los años dejó su huella en la estructura anexa, que sería demolida, ya que “no forma parte de la edificación original del Parador Ariston” y podría convertirse en un renovado anexo comercial.

No obstante, la comunidad arquitectónica internacional ligada a la escuela Bauhaus y los propietarios de esta joya escondida en el sur de Mar del Plata están centradas en la recuperación de la estructura original, para que un renovado Parador Ariston reabra sus puertas con el mismo objetivo que en la posguerra: potenciar a la zona sur de la ciudad y reivindicar su exquisita historia.

La joya de Breuer en Latinoamérica

Marcel Lajos Breuer fue un arquitecto y diseñador industrial húngaro. Nació en 1902 en Pec y estudió en la Bauhaus de Weimar, en Alemania, en tiempos en los que Walter Gropius dirigía esta escuela de diseño y arte desde donde emergieron las ideas estéticas más importantes del movimiento moderno.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Breuer viajó a Buenos Aires convocado por la UBA con el objetivo de dictar un curso en la Facultad de Arquitectura. Fue durante esa temporada que recibió la propuesta de realizar el parador en la zona sur de Mar del Plata.

Marcel Lajos Breuer

La obra de Breuer, junto a los arquitectos argentinos Carlos Coire y Eduardo Catalano, se levantó entre agosto y septiembre de 1947, con el propósito de ser un lugar de entretenimiento y reunión social que realzara la zona, con vista al mar.

Si bien la estructura tuvo múltiples usos entre fines de los ’40 y principios de los ’90, cuando quedó en desuso y avanzó el deterioro, su cara más conocida y recordada fue la que exhibió desde fines de 1969 y hasta los primeros años de la década del ’70, cuando funcionó como un boliche bailable de renombre para esa época.

Más de 20.000 firmas por su recuperación

El arquitecto Hugo Kliczkowski impulsó hace tiempo una petición a través de la plataforma Change.org titulada “Salvemos el Parador Aristón, única obra del Bauhaus en Argentina”, con el objetivo de juntar firmas con ese objetivo.

Ya son más de 20.000 las personas de Mar del Plata, distintos puntos del país y el mundo que sumaron su adhesión a la petición.

“Es una obra magnífica por su sencillez e importancia arquitectónica que hoy, por falta de cuidados, se ha transformado en una ruina, moderna, pero ruina al fin“, señaló Kliczkowski al respecto.

Las firmas apuntan a que la construcción sea declarada Monumento Histórico, reconocimiento que ya tiene media sanción del Senado de la Nación, a la espera de su aprobación en Diputados.

 

 

Por por Gonzalo Gobbi      @gonzalogobbi

Fuente: La capital