No siempre mantener las obras en su estado original es lo más conveniente. El debate debe pasar por la calidad arquitectónica de las intervenciones.

Balneario La Perla. La única intervención urbana llevada a cabo por Clorindo Testa.

 

En Mar del Plata –lo mismo que en Buenos Aires- en los últimos años se observa una cierta ineficacia en la protección del patrimonio arquitectónico; sobre todo del realizado después de las primeras décadas del siglo XX. La temprana legislación creada al respecto por el Municipio de General Pueyrredón acertó en muchos casos, y no solo permitió la conservación de importantes piezas, sino que ayudó a expandir la noción de salvaguarda patrimonial al ámbito público y a la esfera no especializada. Sin embargo, el inicio de la demolición de gran parte de los edificios del balneario La Perla pone en evidencia el punto muerto en que se hallan las políticas patrimonialistas.

En obra. Arreglos en La Perla en octubre del año pasado, con vistas a la temporada 2018. Foto: Fabián Gastiarena

En obra. Arreglos en La Perla en octubre del año pasado, con vistas a la temporada 2018. Foto: Fabián Gastiarena

La prohibición de demolición de las grandes residenciasremanentes sobre el bulevar Peralta Ramos permitió que se conserven importantes piezas como los chalets Ezcurra, Castagnino y Aluminé. En los tres casos funcionan actualmente restaurantes, pero no todos con la misma suerte.

El chalet Ezcurra, proyectado en 1931 por el estudio Acevedo, Becú y Moreno en Alem y el bulevar, es un caso ejemplar. No solo se conserva intacta la residencia, sino que aunque se incorporó un amplio salón de ventas aprovechando la barranca del jardín, se mantuvieron sus características paisajísticas y su visibilidad original. En cambio, si bien el chalet Castagnino, en Castelli y el bulevar, frente al parque San Martín -proyectado en 1932 por Rodolfo Giménez Bustamante- no fue mayormente alterado, la proliferación de elementos añadidos, aunque cumplan con la obligatoriedad de ser removibles, terminó por desdibujar la pieza original.

Un tanto más complejo parece ser el caso de los chalets Aluminé, dos extraordinarias residencias construidas en 1940 en uno de los puntos más escénicos de la ciudad, en un amplio terreno sobre el bulevar Peralta Ramos entre las calles Falucho y Gascón, según proyecto de Alberto Rodríguez Etcheto, quien también fue el proyectista de los chalets de Los Troncos.

Si bien los chalets Aluminé, lo mismo que su jardín, no fueron notablemente modificados, el descuidado estado en que se encuentran hace pensar en que, tal vez, la construcción de un cuerpo nuevo que une ambas residencias no resulta lo necesariamente rentable como para mantener el conjunto. En este sentido cabe preguntarse si el permiso de construir un edificio en el espacio donde actualmente se encuentra el cuerpo nuevo no hubiese generado una mejor solución para el correcto mantenimiento de las casas y el parque sin diluir sus rasgos.

Parador Ariston. En el barrio La Serena, la obra proyectada por Marcel Breuer sigue en estado de abandono.

Parador Ariston. En el barrio La Serena, la obra proyectada por Marcel Breuer sigue en estado de abandono.

Esta pregunta no resulta ociosa, ya que las autorizaciones para la construcción de edificios residenciales en predios amplios manteniendo las piezas originales dieron excelentes resultadosen los casos en que se puso a prueba: los ex hoteles Tourbillón y Playa Chica. En ambos, un inteligente equilibrio entre políticas patrimonialistas y rédito inmobiliario terminó por salvar los edificios y mejorar las condiciones urbanas. Inversamente, la demolición de la villa San José, de Alula Baldassarini; y de los hoteles Hurlingham y Explanada, son pérdidas irreparables para el paisaje costero, como lo fue en la década del 70 la demolición del conjunto de Playa de los Ingleses, y lo es hoy el balneario La Perla.

Si pensamos que en la demolición del hotel Hurlingham se conservó la planta baja para especular con el FOS; si pensamos que el hotel Explanada hubiese podido mantenerse como basamento de las tres torres proyectadas por Cesar Pelli, en lugar de la insípida planta baja nueva; si pensamos que a varios años de realizado el traspaso al dominio público sigue sin completarse la restauración de la Casa sobre el Arroyo, construida por Amancio Williams y Delfina Gálvez Bunge entre 1943 y 1946; y que el Parador Ariston, proyecto de Marcel Breuer, Eduardo Catalano y Carlos Coire de 1948, continúa en proceso de deterioro, no parecen razonables las discusiones que se dieron recientemente en torno a la construcción de edificios residenciales en los terrenos de los chalets de Mariano Mores y de Dardo Rocha, y del ex hotel Chateau Frontenac, con la obligatoriedad de mantener y conservar los edificios originales.

Casa sobre el Arroyo. Sigue sin completarse la restauración de la emblemática obra de Amancio Williams.

Casa sobre el Arroyo. Sigue sin completarse la restauración de la emblemática obra de Amancio Williams.

Lo que se tendría que estar discutiendo no es “edificios sí o edificios no”, sino la calidad proyectual de las nuevas piezas a insertar en las propiedades históricas y su articulación con ellas. Para decirlo de una vez, no es posible excluir de las políticas patrimonialistas el rédito económico como uno de los motores de transformación de la ciudad, pero sí es posible el debate sobre la calidad de las intervenciones.

El complejo Maral Explanada. Proyectado por César Pelli, está ubicado frente a la bahía de Playa Chica.

El complejo Maral Explanada. Proyectado por César Pelli, está ubicado frente a la bahía de Playa Chica.

El arquitecto y artista plástico Adrián Gasparoni asegura que en menos de dos siglos posiblemente no quede en pie ninguna obra de Clorindo Testa. Esta afirmación, que en principio puede parecer descabellada, no lo es tanto si pensamos que en los últimos años se demolieron tres obras de Testa: una comisaría en Misiones, la casa Di Tella en Buenos Aires y parte del balneario La Perla. El hecho se dramatiza cuando sabemos que la casa Di Tella no solamente era una obra clave en la producción de Testa, sino también en la historia de la arquitectura doméstica argentina del siglo XX.

Peor aún es el caso del balneario La Perla, de propiedad pública, proyectado por Testa junto a Juan Genoud y Osvaldo Álvarez Rojas, y que obtuvo el primer premio en el concurso público realizado en 1985. Con gran esfuerzo, debido a la deuda que había dejado la administración municipal de la dictadura, el intendente Ángel Roig llevó adelante las obras, que finalizaron en 1986, aunque con ciertas deficiencias constructivas que se agudizaron en los siguientes años, producto del descuido de los balnearios.

Así y todo, La Perla, que es la única intervención urbana de Testa llevada a cabo, resultó en un inteligente conjunto, muy significativo en la conformación del paisaje urbano del sector norte de la costa marplatense, y que establecía un sofisticado diálogo, definitivamente clausurado, con la ciudad y con la rambla Bristol.

Su destrucción echa luz sobre el fracaso de las políticas patrimonialistas de los últimos años, y acelera el proceso de vaciado de las ciudades argentinas de la buena arquitectura del siglo XX.

 

 

Fuente: Clarín